martes, 22 de enero de 2008

Pocas son las cosas importantes en la vida!!

En mis conversaciones del día de ayer 22 de enero de 2008, ante el inspirador paisaje de playa de Viña del Mar (Chile) y junto a Paulina, mi nuevo amor. En este, mi primer verano después de 30 años de ausencia en el país que me vio nacer; miraba la vida que se estaba dando a las orillas de ese mar helado que es el pacífico, los niños con sus familias, el luminoso sol que doraba las olas y el mar hasta el horizonte, las bondades de quienes me acompañaban que hilaban discursos en un tono alegre y reconfortante. En fin un marco totalmente inspirador que me hizo recordar un anécdota de esas simples pero con un hondo significado que ahora les relato:

Un día una gran amiga me invita a ver a su madre, una persona mayor que vivía sola en un pueblo manchego de España y a quien unos meses antes había conocido en su casa. Estaba en el lecho de una cama hospitalaria, parecía entonces que se encontraba cercana a sus últimos días de vida en este espacio-tiempo en el que vivimos nuestras vidas humanas. Ella intuía la existencia de una relación especial que yo mantenía con su hija mayor, quien por otra parte se acababa de separar de su pareja después de 25 años de matrimonio.

Debo decir que el tema de "la muerte", para mi es un tema recurrente, que no eludo meditar y hablar y hablarme de ello. He comprobado que mientras más cercana tengo la copresencia de la misma, mas intensa vivo mi vida con sus acciones y significados. Siento a la muerte como un hecho natural que hace al proceso de todo lo viviente en este mundo. Para mi es un acto de liberación que cierra un ciclo y abre otro... Tengo la certeza indemostrable de que ese nuevo ciclo al que accederé después de mi muerte física, lo construyo en esta vida, sospechando que no es para todos igual sino conforme a cómo y con qué vaya construyendo mi vida ahora en este espacio y en este tiempo. Sin duda voy hacia mi muerte física y eso me hace atender a la posibilidad de trascendencia, de continuidad más allá de la muerte.

Sé que hay algo que impulsa todo, que ese sentido de la existencia opera así tenga o no conciencia de ello. Sintetizando, que no es indiferente nada de los que haga, sienta o piense en mi vida, porque son elementos con los que estoy, además de todo, construyendo la continuación de una existencia que a veces rozo, después de mi partida. Termino diciendo que para nada creo en las amenazas de ultratumba de las religiones ni en ese Ser que ha de someterme al premio o al castigo cuando muera.


Me siento al lado de su cama tomo delicadamente su mano y comenzamos a sintonizarnos con las miradas, algunas pocas palabras y en ambos una cálida sonrisa. Su hija, viendo lo que estaba produciéndose entre su madre y yo, decide acertadamente salir de la habitación y dejarnos solos. Hablamos de echo de morir, de los significados que para ella tenía tal acto, le pregunté cómo estaba enfrentando el tema y la conversación fluía calmamente, estrechando aun mas nuestro lazos. Yo sentía su agradecimiento por facilitarle la oportunidad de hablar del tema sin la carga doliente que suele acompañar estas situaciones. Ella me hablaba calmamente como si estuviera buscando que cada palabra que saliera por su boca, fuera la justa y adecuada, que coincidiera con lo que estaba viviendo en esos momentos, mientras apretaba mi mano cariñosamente.




De pronto le pregunté: ¿Qué es, en estos momentos en los que estás sintetizando lo que ha sido tu vida, y conforme a toda la experiencia que llevas acumulada, lo más importante en esta vida? Hizo un profundo silencio buscando en su interior mientras me expresaba un cierto gusto por la pregunta que le hacía… Y como saliendo de los espacios mas profundos de su ser me respondió resolutivamente “El Amor”. Eso te digo al final de mis días Juan Guillermo, nada más importante que el amor hay en esta vida. Yo a veces me arrepiento de no haber captado esta verdad y haber puesto otros valores por encima de este. Definitivamente es el amor que das y el que recibes lo único importante que a mi ver vale la pena, porque al final de mis días, todo lo demás se me torna secundario respecto a él.

Entonces le agradecí mucho su testimonio, el cual para mi encierra una gran enseñanza, que como les cuento vino a mi memoria en este paraje luminoso lleno de vida y seguramente por asociación del gran amor que vengo sintiendo en estos días. Me ha gustado dejar por acá esta breve experiencia de mi cotidiano vivir para compartirla con todos y todas.

Hasta la próxima.
Santiago 23 de enero de 2008
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